Qué es una memoria flash

Categoría: TECNOLOGIA |

sandisckDel tamaño de una uña, estos sistemas de almacenamiento portátil y externo son muy útiles para guardar todo tipo de archivos

Aunque los servicios de almacenamiento en la nube van cobrando cada vez más importancia, transportar datos e información de un ordenador a otro de manera sencilla sigue siendo una de las principales tareas de los usuarios. Más allá de los soportes tradicionales como los CD o DVD, existen desde hace varios años diferentes modelos de tarjetas de memoria flash.

Estos sistemas de almacenamiento portátil y externo son muy útiles para guardar todo tipo de archivos, hasta un cierto límite, claro está; el que marca la capacidad de cada modelo. Han aumentado considerablemente en los últimos años y es una tecnología que se ha introducido en las memorias USB.

Estos pequeños dispositivos ofrecen gran capacidad de almacenamiento y, entre sus principales ventajas, destacan su resistencia y el tamaño y, sobre todo, su capacidad de conservar la información que le ha sido almacenada de forma efectiva, aún con la pérdida de energía. Son del tamaño de una uña y muy finas, capaces de ser transportadas fácilmente aunque se corre el riesgo de perderse.

Toshiba fue la empresa que acuñó el término por su capacidad para borrarse en un instante. El ingeniero japonés Fujio Masuoka fue el inventor del tipo de memoria flash en 1984, basándose en las memorias EEPROM (Electrically Erasable Programmable Read-Only Memory) existentes en esa época. Intel intentó atribuirse la creación pero consiguió comercializar la primera memoria flash de uso común en 1988.

Años después, estos sistemas de almacenamiento han cambiado de tecnología. En 1994, la firma especializada SanDisk lanzó tarjetas de memoria llamadas CompactFlash, usadas en dispositivos electrónicos portátiles y con gran recorrido en las cámaras fotográficas. MultiMediaCard, Secure Digital, Memory Stick y xD-Picture Card, RS-MMC, miniSD, microSD e Intelligent Stick han sido otros formatos que han aparecido en los últimos años, cada una con sus diferentes tamaños, pesos, número de conectores, velocidad de transferencia y prestaciones.

También los precios se han reducido considerablemente. A principios de los años noventa se calculaba que por cada MB se pagaba casi 80 euros. Con el tiempo, han surgido otras soluciones y en la guerra de los formatos de almacenamiento ha triunfado las tarjetas SD, presentes en gran parte de los modelos de «smartphones».

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