La erizante demostración de las cachúas de Cabral en cámara lenta

Categoría: NACIONAL |

cachuasCABRAL, BARAHONA. Las tradicionales cachúas de cabral se lucieron fuera de temporada, con una erizante demostración que formó parte de las actividades de promoción de esta zona como destino, emprendida por el Clúster Turístico de la provincia.

Las actividades incluyeron una charla acerca de esta tradición mágico-religiosa, que se manifiesta los tres días siguientes al Viernes Santo, pero que ha ganado representatividad en el período de carnaval nacional que inicia en febrero.

La cámara de DL captó la demostración del uso del látigo (fuete) por parte de un grupo de cachúas o “”diablos danzantes”, que impresionó al público, además, con sus trajes característicos.

Sobre las cachúas de Cabral:

Deben su nombre a los cuernos o cachos al tope de sus máscaras, hechas con papeles multicolores que anteriormente se fabricaban a base de la vejiga de animales. Llevan una barba, también colorida.

Usualmente visten overol (o mameluco) y tienen alas de murciélago que representan a los cazadores de esclavos que, como “espíritus del mal, actúan en la oscuridad de la noche en el tiempo de la insurrección, de la guerra de liberación.”

Aparte de la máscara, las cachúas llevan en su mano, atado a un palo corto, un látigo o fuete largo hecho de cabuya, similar a los empleados para arrear ganado en el campo. El látigo tiene un papel central en la celebración.

De hecho, el Sábado Santo, al mediodía, las cachúas dejan sus casas y salen a buscar civiles (aquellos que no están vestidos con máscaras, pero tiene también un látigo) y a otras cachúas para darles fuetazos o para puntear (pelear a fuetazos). El Domingo de Resurrección, las cachúas siguen buscando civiles y a otras cachúas a quienes fuetear. Este juego, a veces violento, captura la atención de toda la comunidad.

Como Pedro Muamba Tujibikile escribió, las cachúas son una encarnación de la “tensión entre libertad y esclavitud”. Por un lado, son diablos armados con látigos y representan al esclavista y al colonizador. Por otro lado, son diablos cojuelos (cojos) que representan a aquellos abusados por el colonizador. El látigo en las manos de las cachúas y los civiles es, a la vez, signo de explotación, sumisión y resistencia.

En este sentido, las cachúas no sólo encarnan el espíritu demoníaco del dueño de los esclavos y representan a los rebeldes, sino que también son diablos cojuelos, diablos sufrientes heridos por los peso de las acciones de esos otros demonios o esclavos ‘leales’ que obtenían su libertad por capturar esclavos fugitivos y por ayudar al maestro a castigarlos.

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